INDUSTRIA DEL CHANTAJE

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En las últimas semanas la carretera a Chiapas, entre Juchitán y Santo Domingo Ingenio, ha sido bloqueada días enteros por un grupo de vividores de la industria del chantaje político. Se dicen productores de sorgo en esa región del Istmo. Los encabeza la diputada suplente del PRI, María Teresa Santiago Cruz, alias Maité, una audaz mujer que, a decir de las autoridades, su decisión no es apoyar a los productores sino manejar a su libre albedrío 16 millones de pesos que cada año, la Sedafpa, destina a sembradores de ese forraje en esa zona. 

       La confabulación se da desde la contratación de los proveedores de la semilla y demás insumos. Debería ser el gobierno el que diga, mediante licitación, a que proveedor compra. En este caso el procedimiento se ha viciado y son los agricultores, principalmente Maité, los que ponen al proveedor. El tema se complicó porque el pago de los insumos se retrasó y hoy los que bloquean son la gente de Maité, y no los proveedores, para exigir pronto pago. Esta situación evidencia la complicidad.

       Ante la terquedad de Mayté y de sus asociados Jauri Merino, Raúl Fuentes, Alberto Pérez, Alberto Martínez entre otros dirigentes de sorgueros  de Zanatepec, Unión Hidalgo, Niltepec, Santo Domingo Ingenio, de no abrir la carretera, el gobierno investigó y descubrió los intereses que hay detrás.  

                              VICIOS ARRAIGADOS

       Este es solo un pequeño botón de muestra de la manera en que se ha desvirtuado la política de apoyo al campo y la gran corrupción entre los que lideran las múltiples organizaciones campesinas. 

       El presidente López Obrador, en una de sus recientes conferencias mañaneras externó su decisión de cambiar las cosas. No entregar más dinero a los líderes “naylon” que terminan por repartir migajas a los campesinos y se quedan con la mejor tajada. Así lo dijo:

       “Vamos a suponer que se va a ayudar a dos millones de productores del campo. Los que tienen hasta 20 hectáreas van a tener apoyo; entre menos superficie tengan, más van a recibir por qué esa es la justicia. No puede haber trato igual entre desiguales, hay que darle más al que tiene menos, pero si liberamos fondos podemos subirle y no solo darle apoyo al que tiene 20 hectáreas, o hasta 20 hectáreas; se puede subir hasta 30 porque al final es producción, es lograr la autosuficiencia alimentaria es producir en México lo que consumimos, pero de esta forma, no entregando el dinero al líder de una organización para que utilice la mitad del dinero para comprar y repartir despensas, frijol con gorgojo. La otra mitad la utilizaban para “gastos de operación” para decirlo suavemente y sus camionetones, las trocas ¿no? Sombrero texano, botas y cinto piteado ¿no? Líder campesino, líderes charros nylon, eso se acabó.

       En Oaxaca, calculan unas 350 organizaciones de este tipo, todas subvencionadas por el gobierno presionado por las marchas, plantones y otros actos de presión. Si el gobierno de AMLO cumple su palabra y acota a todos esos “líderes sociales”, de todos los colores, como Unta, Maiz, Ugocep, Antorcha Campesina, Mult, Codedi, Codep y cientos más, ciertamente permitirá un respiro para la reactivación económica del campo.

       La intención es buena, el desencanto vendrá cuando AMLO diga que “siempre no”.  El objetivo es complejo porque, si bien en Oaxaca es donde más han surgido estos grupos, el fenómeno se da en todo el país.

       Una primera reacción: Una docena de lidercillos de las organizaciones “sociales” que orbitan alrededor del cartel 22, en la primera reunión que tuvieron con Nancy Ortiz delegada de programas sociales, tronantes le dijeron: Nosotros tenemos que seguir recibiendo personalmente todos los apoyos, somos los que movemos a las organizaciones y hablamos por ellas.

                        CHANTAJE POLÍTICO

      Dice el analista Rafael Cardona que hay una extensa y rentable industria de la protesta. Su principio rector es que “el que no llora, no mama”. También dibuja una similitud:

        “Usted es el CEO (siglas en inglés del Chief Executive Officer) de una industria rentable. Consiga un grupo de mexicanos que viva en la miseria y que pueda movilizar a las capitales estatales y del país. Preséntese como un ‘líder social’ que busca la justicia. Obtenga el financiamiento para la movilización. Proceda a organizar la protesta, lo más escandalosa posible para atraer la atención de los medios. Presione a los funcionarios que tengan la autoridad de darle la recompensa buscada. Negocie a cambio de desmantelar el conflicto.

       “Cuando obtenga su objetivo, termine la protesta, pague sus deudas, premie a sus lugartenientes cercanos y quédese con una tajada. El resto, repártalo entre los pobres movilizados. Proceda a planear su siguiente operación”.

        Así se mueve la industria del chantaje político del que viven  más de 350 organizaciones “sociales” en nuestra entidad. Tienen registradas más de 800, todas son “independientes”, “democráticas” y “revolucionarias”, pero las más beligerantes son las que se mueven a la sombra del cartel 22.

Sus líderes, en su mayoría coordinados por el cartel 22, hacen de la “lucha social” un verdadero emporio. Obvio, no operan solos. Se mueven sincronizadamente y responden al unísono para enfrentar, mediáticamente y con movilizaciones,  cualquier intento de “represión” de la autoridad.  

Hay otras como “Antorcha Campesina” que sirven al PRI, pero son igual de convenencieras e insaciables. Sus líderes viven como verdaderos potentados. En una de sus asambleas del año pasado con la presencia de sus representantes regionales, sus líderes más sobresalientes llegaron -dicen las crónicas- en lujosas camionetas LandRover, blindadas.

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FELIPE SÁNCHEZ JIMÉNEZ
Autor de Escaparate Político desde 1977 consolidada como una de las columnas de mayor permanencia. Dos veces Premio Estatal de Periodismo; Premio México de Periodismo de la Federación de Asociaciones de Periodistas de México. Socio fundador de la Asociación de Periodistas de Oaxaca. Corresponsal (Oaxaca) de la gran cooperativa de Excélsior hasta su privatización.

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