CONEJILLO DE INDIAS

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AUNQUE ambos viven a cuerpo de rey en Canadá, subvencionados por el gobierno y ONGS internacionales, seguramente al dueño del CODEP y del CIPO, Raúl Gatica, antes de enviar a sus activistas –encabezados por el profe Cástulo López- a armar el desmadre en la mina de San José del Progreso, seguramente olvidó consultar a su contlapache ENRIQUE RUEDA sobre sus estrategias de las que tanto se ufanaba en 2006 al repetir a cuanto periodista los entrevistaba: “Tenemos nuevas enseñanzas, los maestros ya aprendimos a quitarles escudos y toletes a los policías…”.

A ESO SE debe que la policía los haya tomado por sorpresa en el desalojo de la mina donde había más activistas de la 22 y del curita UVI, que nativos de San José del progreso.

ESE invento de la APPO no es más que una estrategia de los extremistas de la sección 22. En este y todos los conflictos políticos calentados al calor de las próximas elecciones y las movilizaciones de mayo, el desmadre es exclusivamente de los activistas de la sección 22. La APPO solo es un espectro. Su extinción se confirmó en la asamblea última donde tuvieron que habilitar a algunos colonos para que llenaran las sillas del auditorio del Hotel del Magisterio y, al más puro estilo PRI, el CHEPI tuvo que regalarles despensas para que asistieran al teatro. Solo le faltó ponerle el escudo tricolor a las bolsas de las provisiones. Ya dije aquí que los empeños de la sección 22 por seguir con el fantasma de la APPO es para que el desprestigio social por tanto desmadre, no lo carguen solamente la sección 22 del SNTE.

EN LO QUE no han reparado las autoridades es en el odio exacerbado que están generando los activistas de la 22 entre los pueblos de San José del Progreso y Magdalena Ocotlán. Están abriendo heridas que dificilmente cerrarán. En este último pueblo, los extremistas de la 22 y el curita MARTÍN OCTAVIO, trabajan permanentemente profundizando esas heridas con falacias, como eso de que la mina “ya está matando el ganado y contaminado los ríos” cuando aún ni está operando.

LO PREOCUPANTE de este nuevo foco rojo, es que los gobiernos federal y estatal, hacen que no ven ni oyen, mientras los cerebros de la 22, de la mano con la Iglesia, sigan engañando a tanta gente.

FANATISMOS

POR dedicarse a la pepena de conflictos o generarlos, se han olvidado de su labor en las escuelas. Ahondando el tema surgido del artículo tercero constitucional en su párrafo segundo dice:

El criterio que orientará a esa educación (la que imparte el Estado) se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Precisamente lo que enuncia este apartado constitucional, es parte de una visión progresista tendiente –al menos en intención– a catapultar al pueblo hacia el desarrollo.

Cuando en pueblos como el mexicano que mantienen una ferviente religiosidad –no sólo hoy sino desde que se diseminaban en su territorio diversas comunidades y civilizaciones existentes antes de la llegada de los españoles– resulta interesante el establecimiento de ese criterio educativo.

¿Por qué? Porque precisamente sólo el progreso científico, soportado en una revolución educativa es la vía para el cambio social en nuestro país, nada de remedos frustrados de revolución armada como la de los ignaros “profesores de la Sección 22 y la APPO” a quienes dedicamos las palabras que Alfonso Caso dejó en su obra “El Pueblo del Sol”.

PESIMISMO ANTROPOLÓGICO

Si antes de ser un pueblo converso al cristianismo, el mexicano “giraba su existencia alrededor de su religión y no había un solo acto de la vida pública y privada que no estuviera teñido por el sentimiento religioso (….) era la suprema razón de las acciones individuales, la razón de estado fundamental” esto no ha cambiado mucho, tan sólo trasvasó ese fervor de las deidades de la naturaleza y de los oficios a la adoración de santos y vírgenes del cristianismo.

Tan fuerte era en el México Antiguo la religión que “influía de modo preponderante en la organización social (…) y política, los barrios eran –más que una división territorial– la continuación de las antiguas familias, unidas no por el lazo de parentesco biológico, sino por el de parentesco religioso que derivaba de la comunidad de culto al dios tutelar)”

Usted lector se preguntará ¿a qué viene todo esto? Lo evoco porque si en un inicio se hizo énfasis constitucional en basar la educación en el progreso científico, como una medida de luchar contra la ignorancia y sus efectos; el fanatismo religioso… hay una cuestión fundamental entre la falta de progreso y la cosmovisión religiosa del mexicano, que considero frena sobremanera el desarrollo económico y social.

Porque el pueblo mexicano tiene casi inherente a su espíritu una visión pesimista de la vida, del futuro, de su progreso. Para Alfonso Caso, aunque “la misma concepción religiosa de Pueblo Elegido impulsó a los aztecas, ésta misma después los frenó, porque la creación de obras religiosas ahogó necesariamente la personalidad creadora de los individuos y absorbió todas las posibilidades de desarrollo cultural” (A pesar) “del refinamiento cultural de mayas, toltecas, totonacas o mixtecas, todas las viejas culturas desaparecidas, son muestra elocuente de la esterilidad que alcanzaba finalmente a esas grandes civilizaciones, por la falta de un ideal constantemente progresivo, que las hiciera concebir la vida como algo diferente a la repetición, invariable y minuciosa, de las ceremonias para honrar a los dioses.

“Para las grandes culturas de Mesoamérica, la invención técnica fue sustituida en gran parte por el culto –cosa contraria a la visión religiosa protestante anglosajona–. La idea fundamental es que el hombre no tiene que resolver sus propios problemas, sino rogar a los dioses que los resuelvan y se apiaden. Para el indígena, el sacrificio es <> para hacer que llueva, que el maíz grane, que la enfermedad se acabe (…) El hombre por si mismo nada puede; su técnica es ineficaz; sólo el sacrificio a los dioses los inclina benévolos para resolver las necesidades humanas.”

Para Caso, la “profunda religiosidad del mexicano, que se conserva hasta nuestros días, es el hilo rojo en la trama de su historia; nos permite entender su modo de obrar indolente unas veces, activo y enérgico otras, pero siempre estoico, porque la vida del hombre, según piensa, depende de la voluntad impenetrable de los dioses.”

Aquí el drama. Para muchos mexicanos; esta concepción de la vida sigue siendo su forma de entender su destino, su pobreza, su desdicha. Las peregrinaciones no cesan, los agradecimientos a los dioses se reflejan hasta en los parabrisas de los vehículos, en las propinas “a las iglesias”, en el conformismo. La historia es clara, nos ha enseñado que de nuestro espíritu no se puede esperar ese progreso científico que nuestra constitución contempla. Es la realidad la que nos demuestra que el camino ha sido errado, que hay mucha razón en el sendero que pretendía marcarnos la constitución para progresar, pero es una lucha cultural, la búsqueda de una concepción religiosa más responsable y el combate al pesimismo antropológico el gran reto de nuestros educadores y una forma de respetar a la carta magna. La culpa del subdesarrollo tiene una profunda raíz en la actitud misma del mexicano y de su sistema educativo que no logra arrancar de cuajo, el fanatismo, el conformismo y la ignorancia.

Pero esto difícilmente se logrará mientras cabezas sindicales como Azael Santiago Chepi, el de la sección 22, tengan el cinismo de reconocer que a su organización le interesa más “la lucha sindical y social que el tema de la educación” y lo peor; cuando los extremistas e irresponsables que tienen la educación en sus manos crean que son “un contrapeso a gobiernos autoritarios (palabras de Chepi)” y en lugar de cumplir con su trabajo –por el que EL GOBIERNO les paga– se dedican a violar flagrantemente el artículo tercero constitucional.

¡Y luego dicen que porqué han denigrado tanto la labor magisterial!

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Autor de Escaparate Político desde 1977 consolidada como una de las columnas de mayor permanencia. Dos veces Premio Estatal de Periodismo; Premio México de Periodismo de la Federación de Asociaciones de Periodistas de México. Socio fundador de la Asociación de Periodistas de Oaxaca. Corresponsal (Oaxaca) de la gran cooperativa de Excélsior hasta su privatización.

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