ADIÓS, ULISES

0
872

El gran perdedor antes de la competencia del tricolor fue el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz.

       A la distancia vemos el gran costo político que tiene que pagar por su capricho de gobernar a distancia en el 2006. Seguro de que su mecenas Roberto Madrazo sería el candidato y luego presidente de la República, Ulises, con una colosal irresponsabilidad se fue a la campaña y se desentendió de la gobernabilidad de éste Oaxaca, tan bronco. El resultado fue la desatinada orden para el fallido desalojo de la APPO que fue la trampa que le tendieron los grupos radicales, Y cayó en la provocación. Lo que causó la atropellada decisión fue potenciar un conflicto que ya estaba en los niveles mas altos de repudio social. Lo que siguió al 14 de junio fue el preludio del fin de la carrera política de Ulises que vino a culminar con su gran fracaso en su intento por ser dirigente nacional de lo que queda de su partido, el PRI. Las intrigas que le tildaron los capos del cartel22  (“el carnicero de Chalcatongo”) siguen causando efecto político.

       Digo esto porque el ADN del PRI no puede ser diferente. El dedazo pervive y ya decidió que el que recoja los restos sea el motejado Amlito. Eso fue lo que se vio durante la parafernalia del registro de candidatos.  

       Incluso, dos candidatos anticiparon su fracaso durante el registro, hablaron con ironía. “Quiero que nuestro partido no sea satélite de Morena y que los acarreos ya no se repitan”: Ivonne Ortega. Ulises insistía: “hay una expresión del partido que quiere ganarlo para entregárselo a López Obrador”.

       Los sibilinos de la política cuentan que el gran pecado de URO fue su soberbia. Lejos de conducir su gobierno con responsabilidad se fue a hacer campaña para su valedor Madrazo. Ni siquiera la algidez del conflicto político -nada se social- del 2006 lo retuvo en palacio. Como dicen, “dejó encargado el changarro” a su entonces leal Secretario General de Gobierno, Jorge Franco quien, dicen, tomó la decisión del desalojo del plantón magisterial sin reparar en la escasa fuerza policiaca estatal y las simpatías del entonces presidente Fox y su Secretario de Gobernación Carlos Abascal con “don Flavio” (el demonio de Tasmania) uno de los principales cabecillas de la asonada. Tampoco reparó en las ganas de Abascal de “echarse al plato” a un gobernador priista.

       La estocada final para Ulises fue un documento con el membrete de la Comisión Nacional de Procesos Internos del PRI, que circuló en las redes sociales en el que dicen que dan de baja a Ulises Ruiz de la contienda por la presidencia del PRI porque los documentos que presentó “no satisfacen a plenitud los requisitos de la convocatoria”.

                      LO QUE HAY DETRÁS

         Aunque metidos en la política hay algunos ingenuos chapulineros que creen que, ahora sí, el PRI iba a cambiar. Hasta profesaron que Ulises Ruiz estaba descubriendo el hilo negro. A estos les recomiendo leer el análisis de Francisco Rodríguez, en su columna del pasado fin de semana, en la cual devela el fondo de las intrigas de la nomenklatura por el control de lo que queda del PRI.

       Entre otras cosas dice que el contramaestre Miguel Ángel El Chino Osorio Chong anunció que él dejaría de participar si el grumete Aurelio El Niño Ñoño Nuño permanecía en el equipo. Y entonces, el fallido ex titular de la SEP ahuecó el ala. Nadie, por cierto, lamentó su partida.   

       Luego, hace apenas unos cuantos días, conflictivo y soberbio como es, El Chino se bronqueó con el almirante Manlio Fabio Beltrones y… pleito tras pleito interno, la nave zozobró.

        El médico Narro –todos sus doctorados son honoris causa— fue lanzado a la navegación por lo que se dio en llamar la nomenklatura de los restos del priísmo: Beltrones, sí, pero sobre todo por Emilio Gamboa, el mismo Osorio Chong, El Negro René Juárez y hasta por la borrachita Ruiz Massieu, la mayoría de ellos de manufactura del (torpe) bailador Enrique Peña Nieto quien recién confirmó que tiene las manos largas, pero también dos pies izquierdos.

        Todos ellos, en efecto, más otros –como el duranguense (¿cómo se llama?) Hernández Deras, que regentea el cascajo de lo que fuera la CNC– embarcaron al ingenuo médico cirujano en una travesía que de antemano se sabía no llegaría a puerto.

         Lo hicieron mentir al obligarlo a decir que tenía más de cuatro décadas de militancia priísta.

        Lo trataron como títere o pelele.

       Es a ellos a quien Narro debería reclamarles su fallida intentona.

         Y es que hasta pena ajena daba el ver a un ex rector de mi Alma Mater ser tratado como el Titino de veteranos y muy interesados ventrílocuos.

         Bien que finalmente el médico Narro Robles haya recuperado la dignidad, ¿no cree usted? (hasta aquí la columna de Paco Rodríguez).

Comentarios

Comentarios

Dejar respuesta