06/MAYO/2026
FELIPE SÁNCHEZ***
LA CNTE había ido perdiendo fuerza principalmente por dos razones:
LA PRIMERA fue la reforma educativa peñista, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 25 de febrero de 2013. Eran los tiempos de GABINO CUÉ cuando la referida reforma socavó los cimientos del IEEPO —al menos aquel que operaba la belicosa Sección XXII—, el cual tenía en sus manos casi la totalidad de las plazas directivas y administrativas del instituto. Todavía la XXII se debilitó más cuando el manejo de la nómina se centralizó en manos del Gobierno Federal; esto le arrebató a la dirigencia el control de las plazas y los mecanismos de presión o recompensa sobre los trabajadores de la educación en nuestra entidad.
LA SEGUNDA razón fue el hastío y la desconfianza que los líderes magisteriales generaron en sus representados. La reforma peñista comenzó a definir el ingreso y la promoción docente basada en evaluaciones, con lo que el Gobierno pretendía desterrar la compra o herencia de plazas sin mayor mérito. Para dichas evaluaciones, los docentes eran obligados a la actualización profesional mediante cursos académicos, buscando el puntaje necesario para la promoción y la mejora de ingresos.
LA DIRIGENCIA SINDICAL sacó provecho de la situación: solicitaba a sus agremiados —supuestamente en desafío a las nuevas reglas— no inscribirse a la Carrera Magisterial; si lo hacían, les recriminaban estar traicionando a la Sección XXII. El problema fue que ese desaliento a la mejora profesional tenía un objetivo oscuro: que los allegados y recomendados del Comité Ejecutivo ocuparan esos espacios de mejora salarial, evadiendo cursos y exámenes mediante «amarres» en el turbio mundo de la educación pública. Por esta razón, la inmensa mayoría dejó de creer en el discurso sindical; aunque, claro, no faltan quienes todavía les siguen ciegamente.
TAL VEZ por esto, y gracias a que la Sección XXII fue clave en el fortalecimiento electoral y triunfo del partido de LÓPEZ OBRADOR en 2018, finalmente se dieron pasos atrás en la reforma peñista. Se eliminó la evaluación docente ligada a la permanencia laboral, desapareció el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y se permitió una mayor apertura para que el sindicato incidiera nuevamente en la toma de decisiones sobre las vacantes y el ingreso magisterial.
LA GRAN FUERZA ELECTORAL es lo que mantiene el peso de los trabajadores de la educación —más cuando se avecinan 2027, 2028 y 2030—. Esto es lo que los distancia, por ejemplo, de los empleados jubilados de confianza de CFE y PEMEX, que ya comenzaron a ver pulverizadas sus otrora jugosas quincenas. El debilitamiento del partido morena (en minúsculas, en apego a su logo) en estos días, comienza a devolverle a la Sección XXII esa fuerza política que se le estaba diluyendo.
EL SALTO DEL CHAPULÍN
¿Se imagina que hasta para subir a un taxi o al transporte urbano le pidan su INE y su CURP? Pues es lo que está sucediendo con el denominado CityBus (o BinniBus), que ahora busca, a cambio de una tarjeta de acceso, la identificación antes mencionada. ¿Es realmente por el servicio? ¿Es por capricho del poder de bajo octanaje de la parasitaria burocracia del CityBus? ¿O es para preparar la «mapachería» electoral, a sabiendas de que el jarismo es rechazado cada día más por la mayoría de los oaxaqueños?
A SALOMÓN JARA se le vislumbra un futuro político ominoso; su posicionamiento y los resultados en la revocación de mandato indican que tiene razones para apostarle a la manipulación del padrón. De lo contrario, su presencia política sería borrada de Oaxaca una vez que concluya su mandato.
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