Pofirio Díaz el Grande

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Al final de su tiempo, Porfirio Díaz hace saber a los mexicanos que su arribo al poder político fue una misión política y no una expresión de ambiciones inconfesables, su vivencia como soldado en la guerra de Reforma y de su lucha contra los franceses y de la existencia de la permanente amenaza de los Estados Unidos, lo hicieron comprender de la necesidad, como en cualquier batalla, de vencer a los enemigos de los mexicanos.
El poder político como misión que el momento histórico le asignó y las condiciones de las relaciones de poder le permitieron, sólo era posible dejar esa misión cuando el pueblo de México tuviera toda la posibilidad de vivir en democracia y así resolver el grave problema de las sucesiones en el poder político.
El poder político como misión, aunado al de servicio, explican la larga permanencia del Presidente Porfirio Díaz en el poder, no había prejuicio ni perjuicio en ello. La misión y el servicio se habían cumplido: México tenía un lugar entre las naciones pacíficas y civilizadas, la libertad política estaba ahí para el pueblo. Ya México estaba preparado para la alternancia, la continuidad había cumplido con su papel.
Se puede sostener, sin temor a equívocos, que Porfirio Díaz fue exitoso en la obtención del poder político, en mantenerlo y de incrementarlo. Para obtenerlo se situó en su tiempo y se encaminó en la única ruta para alcanzar el objetivo: la carrera militar y el levantamiento armado. Para mantenerlo empleó el oficio político, normas, estrategias, maniobras, técnicas y procedimientos en el manejo de las relaciones de poder, conocimiento en el manejo de los hombres, sabía de la naturaleza del mexicano que lo embonó con cierto modo de gobernar. Fue un experto en el manejo de las pasiones humanas, para fomentarlas, para reprimirlas y para conservarlas.
Manejó muy bien los alcances de la ambición de los humanos, cuando fue necesario permitió sus excesos y en muchos casos cortó por lo sano cuando tales ambiciones ya no le eran provechosa para el régimen.
El régimen porfirista es una excelente combinación de la filosofía de gobierno con su materialidad. El positivismo permitía la combinación del Orden, la Paz y el Progreso, por eso tuvo la razón cuando argumentaba:
“Donde hay caminos y correos, ferrocarriles y telégrafos, hospitales y hospicios, escuelas y colegios, fábricas y talleres, comercio, industria y actividad en las transacciones, la paz está asegurada por sí misma y el orden no necesita del apoyo militar porque todos están interesados en conservarlo”(Krauze, Enrique. Siglo de Caudillos. De Miguel Hidalgo a Porfirio Díaz. Edit. Tusquets. México, 2014, p, 302).
Es por demás la tesis del Presidente Porfirio Díaz, la paz, objetivo fundamental de todo Estado y gobierno, se debe conservar por los propios ciudadanos, no habrá necesidad del ejército o de la policía si es que se crean las condiciones para la paz. La acción intensa de la administración pública es garantía de orden, progreso y paz. Si el objetivo causa algunas inconformidades, nunca se debe de aceptar que se ha tomado un atajo para alcanzar el objetivo. Para la buena marcha de la administración pública se debe contar con un buen cuerpo de colaboradores, en este campo, Porfirio Díaz no se equivocó, tuvo una buena camada de colaboradores.
Tanto colaboradores como ciudadanos les mueve siempre un móvil personal sostenía el Presidente Díaz, para él, es misión del gobernante descubrir ese móvil personal, él procuró siempre seguir esta regla elemental de todo gobernante.
Los gobiernos se distinguen por satisfacer o no esa cuestión humana, los gobiernos progresistas se distinguen por buscar satisfacer el mayor número de móviles personales, sin embargo, nos dice Porfirio Díaz, siempre habría que tener un extinguidor, para su uso sabio y firme cuando la ambición individual anda con demasiada viveza en peligro del bienestar general (Krauze: 2014, 312).
La clave del gobierno estable será entonces el pleno conocimiento del ser humano, sobre todo de aquello que lo mueve, regularmente es la ambición, para fomentarlo, controlarlo, inducirlo, reencauzarlo, el manejo de estos móviles humanos garantiza la estabilidad de los gobiernos, sin embargo, siempre se debe estar pendiente que estos móviles rebasen el interés común que siempre debe de prevalecer en los gobiernos.
Con todo ello, Porfirio Díaz demostraba su habilidad política, su conocimiento de la gente, su entendimiento de la realidad del país. Su paso por el ejército y por las batallas, que implicó el conocimiento estratégico, le sirvió para el ejercicio del poder político. Sin embargo, es una concepción equivocada sobre la existencia de una dictadura, de un poder absoluto, en realidad, en la época se ha reconocido una gama de organizaciones, clubes, asociaciones, caciques regionales, movimientos comunitarios, manifiestos que no estaban de acuerdo con el estilo personal de gobernar del oaxaqueño.
Para resolver estos problemas siempre se buscó una relación equilibrada y de acuerdo a las circunstancias del “pan o palo”. Lo que sí fue su Waterloo fue no calcular su permanencia hasta el comienzo de rendimientos decrecientes de su régimen y un manejo adecuado de su sucesión.

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