Invitación a una Nueva Era

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Por Cipriano Miraflores

En realidad, estas páginas no son una investigación, un ensayo, mucho menos
un tratado sobre el pueblo del Quinto Sol, los nombro de esta manera
porque el concepto, la palabra indígena tiene tanta carga peyorativa, que en
verdad, no nos la merecemos. Propongo que nos llamemos y nos definan
como pueblo del Quinto Sol.

Invitamos a todos los mexicanos que juntos iniciemos una nueva era para
nuestro México. Que sea una construcción de todas y todos, cimiento por
cimiento, piso por piso, para que desde las alturas podamos contemplar
ufanos nuestra gran obra.

Fue característica de nuestros pueblos antiguos la realización de grandes
obras, si fuimos capaces de edificar una ciudad en medio de un lago, de qué
no podemos ser capaces, entre todos, hasta de construir un México con
signos de Comunalidad, en donde se pueda sintetizar el cosmos, la naturaleza
y el hombre.

Por los antiguos nos acostumbramos a vivir por eras, por soles, de duraciones
variables, según se cuenta. Los soles son una de las formas de explicar el
origen del cosmos, de los dioses, de la propia humanidad, es una
periodización tan válida como cualquier otra, pero para nosotros tiene un
significado grandioso y de compromiso para la existencia misma.

Los antiguos nos enseñaron a vivir por ciclos de cincuenta y dos años, una
era podían durar muchos ciclos. Todo es un empezar y un terminar. Las eras
nos permiten un mejor entendimiento de nosotros y la posibilidad de una
mejor construcción de nuestro porvenir.

El mundo cristiano al hacer de los ciclos por trecientas sesenta y cinco días
no alcanza a edificar gran cosa, los ciclos largos significan mejores
oportunidades. Se aprende a sublimar, a cultivar, avivar lo mejor de nosotros
mismos, venciendo la inercia de la materia. Nos da tiempo para vencer a

nuestras pasiones que tanto daño nos hace, para purificar nuestros deseos,
nos da la oportunidad para conocernos mejor y conocer a los demás, no se
puede transitar por el mundo al mando de la ignorancia.
De verdad, invitamos a todos los mexicanos a convertirse en sol, en
divinidad, que es el fin que debe tener cada ser humano que busca la
realización del hombre.

Sería extraordinario proyectar un nuevo México por cincuenta y dos años,
para que de una vez por todas podamos ir resolviendo nuestros problemas
fundamentales con visión, con razones, con métodos democráticos, con las
técnicas adecuadas, con la epistemología adecuada, y no estar inventando al
país cada seis años a ideas particulares de partidos y de personajes, los cuales
no siempre tienen el mejor sentido de los tiempos.

Durante quinientos años, diez ciclos de cincuenta y dos años, no somos de
los mejores países del mundo, tenemos muchas grietas en nuestra casa,
todavía nuestros caminos son sinuosos y no llevan a ninguna parte, cuando
mucho un uno por ciento de todos los mexicanos tiene resuelta su vida por
varios de nuestros ciclos.

Con flagelarnos no logramos gran cosa, si nuestro país empezó su vida
independiente con un abrazo, el de Acatempan, por qué no empezar un
nuevo ciclo con un abrazo entre el México mestizo con el México del pueblo
del Quinto Sol, para ser UNO pero diferenciado, aceptado, de buena
convivencia. Pensemos un México como una Universidad, es decir, unido en
la diversidad.