EL SALTO DEL CHAPULÍN

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En las tantas cartas que recibo de reconocidos universitarios, hay una reflexión invariable: todos aborrecen a los ex rectores que se han enriquecido brutalmente y los llaman “delincuentes de cuello blanco”. Se muestran muy suspicaces por la manera en que estos han desprestigiado a la UABJO y externan gran escepticismo por la elección que han entrampada esos grupos no obstante el acicate del reloj político para la otra gran nominación: la del candidato a gobernador.

Dicen bien al llamarlos ladrones de “cuello blanco”. Sustentan su dicho en la forma en que operan el multimillonario negocio que significan las matrículas en la Facultad de Medicina que dirige el galeno Luis Manuel Sánchez Navarro.

No hay autoridad universitaria capaz de parar a los mafiosos que, según me dicen, controlan los Martínez desde el sistema de redes universitarias. Me explican que su ingenio delincuencial es tal que involucran en el negocio sucio a la misma dirección del Registro Civil del estado.

Para cobrar 300 mil pesos a un alumno deseoso de inscribirse para cursar la carrera de medicina le ponen trabas imposibles de superar como el de ser hijo de un trabajador de la UABJO.

Los operadores de la extorsión que son los mismos porros al servicio de los grupos de poder, luego de cobrar el dinero llevan de la mano al aspirante para hacerlo aparecer como “hijo de trabajador universitario” lo que le da pase automático a la matrícula. Lo registran con apellido falso, pero primero lo presentan con un contacto en el Registro Civil para que le hagan un acta de nacimiento con apellido que coincida con el de un empleado universitario real. De esta manera ingresa al sistema de redes de la UABJO que maneja un hermano del Chapito para que, finalmente, pueda ingresar. Una vez reconocido como alumno, sus maestros van corrigiendo en el pase de lista el falso apellido para que, al final, quede con el nombre original.

Esto confirma lo que me dicen mis informantes: estas operaciones solo surgen de una mente criminal.