07/MAYO/2026
FELIPE SÁNCHEZ
EL GRAN MORRIS WEST, en El Abogado del Diablo, decía una frase que se me quedó grabada para siempre en la memoria: “la sentencia de muerte en el hombre está escrita en su alma el día en que nace”.
HACE UNOS DÍAS, una tragedia humana sacudió la existencia de muchas personas. Una jovencita falleció cuando su compañero de escuela y novio conducía un vehículo tras haber consumido alcohol. Un pecado de juventud, ¿quién no los cometió? Incluso, ¿quién no llega a tener yerros en la madurez o incluso en la senectud?
EL ERROR del joven truncó de golpe una existencia, pero la vida, al final de cuentas, se integra de una colección de yerros, pecados y alguno que otro acierto. Una tragedia que marca su vida cuando esta apenas comienza; la carga moral, el llanto y el remordimiento ya están destrozando la existencia del sobreviviente.
LEÍA en las redes sociales las opiniones condenatorias de mucha gente en contra del conductor, acusando al joven de “fifí”; celebraban que algo así ocurriese, ¿con personas solo porque tienen un vehículo? Qué terrible que los mexicanos nos miremos como enemigos como consecuencia de un discurso de políticos a los que realmente no les importamos un cacahuate, salvo en momentos electorales.
LA CONCIENCIA es ya el propio martirio del joven. La gente lo señala como culpable, pero hay una cosa que se llama destino y eso no lo debemos olvidar: todos tenemos un día de nacimiento y todos tendremos un día final. ¿Cómo serán nuestros últimos días? Eso nadie lo sabe. Nadie sabe lo que la vida nos reserva. Como siempre lo he escrito aquí, Nicolás Maquiavelo decía que la mitad de nuestro destino está en nuestras manos y la otra mitad depende de la fortuna (¿podríamos decir de Dios?). Tal vez ese joven solo fue el vehículo para la concreción de un destino.
ANTES de criticar, hay que pensar que nadie está exento de una tragedia.
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