Político nihilista

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Por Cipriano Miraflores

Lo más preocupante para un político es que pierda el sentido de la política y
de su lucha, que los valores que sustenta su vida política se pierdan, que su
propia vida pierda el sentido del ser. Llega al extremo que ya no cree en
nada, a este político le ha alcanzado una situación nihilista.

Como lo afirmó Camus, en el Hombre Rebelde, “la marca distintiva del
nihilismo es la indiferencia hacia la vida”, esto es precisamente lo más grave
para un político, su indiferencia hacia los demás y hacia sí mismo.

El político forma un mundo, crea y recrea sus propios valores que lo
justifican, cree por ello que es el mundo real, desde luego, donde él tiene el
juego principal y siempre sale victorioso.

Si no hay un mundo objetivo, no hay estructura de este mundo, por tanto,
tampoco hay verdad, no hay razón, sólo existe la perspectiva individual. Para
el político sólo habrá su verdad. La importancia de la política es lo que en lo
personal hemos querido darle.

No hay nada firme en el mundo, el relativismo es casi absoluto, Dios es
cuestionado como absoluto, para algunos ni siquiera existe, que la
manifestación de lo absoluto no es verdadero.

En este sentido, lo único que le queda al político como alternativa es su
enorme voluntad de poder en este mundo sin sentido. Con la voluntad de
poder será posible que el político crezca y se desarrolle.

En estos momentos los valores que respaldaban a la modernidad se han
devaluado, se ha desintegrado su base social, política y moral, la falta de
objetivo y significado, es decir, la existencia del nihilismo, por consecuencia,
la muerte de Dios según algunos.

El nihilismo significa, por tanto, que los valores más importantes se han
devaluado. No hay objetivo. La pregunta ¿por qué? Carece de sentido. No
existe una fuente externa que le dé sentido a la vida, ni Dios ni ninguna otra.
En razón de lo anterior, el político se enfrenta con el absurdo, con el tosco
hecho de la existencia por la existencia misma. Con la gratuidad de la vida,
con el hecho de estar arrojados al mundo.

Ser arrojados al mundo sin medida ni clemencia, con mayor de las
indiferencias, permite, forjarnos un significado a nosotros mismos, surge por
ello, el político nihilista. Sólo así tomará decisiones con significados
personales, creyendo en su autenticidad. El político nihilista, por eso, vive en
constante angustia, al observar que sus valores caen en el vacío social y
político.