Revaloración de los pueblos

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Por Cipriano Miraflores

La revaloración se puede iniciar desde lo comunitario, pues solo en este se
puede recuperar la lengua y aumentar la capacidad de la razón colectiva.
Además el logro de espacios de producción y reproducción de las culturas de
los pueblos originarios y del pueblo afromexicano, que pasa ser un
componente más de la pluralidad de la nación y del Estado.

El reconocimiento y la revaloración de las espiritualidades de los pueblos
que pueden conducir a libertades religiosas y fundación de nuevas religiones
con bases antiguas pueden enriquecer las creencias del pueblo mexicano.
La imposición, incluso violenta, de la fe cristiana y de su obligatoriedad,
retrasó el arribo pronto a la modernidad de la nación mexicana, a una
modernidad que se entiende como plural y diversa.

No se pretende la existencia de religiones y espiritualidades que se excluyan
mutuamente ni tampoco complementarias, tampoco se trata de constituir
una sociedad dominada de dogmas religiosas sino que la expansión de las
libertades espirituales y religiosas y no el dominio de una sola.

Si se puede reconocer la espiritualidad de los pueblos del Quinto Sol que no
son estados de conciencia sino de relaciones con la naturaleza y el cosmos,
de aquí del posible beneficio de la reconstrucción de la vida en la tierra por
la naturaleza de la espiritualidad de los pueblos del Quinto Sol.

Tiempos hubo de la supuesta superioridad de la fe cristiana, debe de haber
democracia de la fe y de las creencias. La existencia y el dominio de una sola
fe durante siglos nutrieron la ignorancia del pueblo mexicano puesto que las
religiones son niveles de cultura y de conciencias colectivas y no solo
individuales.

Todavía en los pueblos se conservan lugares sagrados que se invocan de vez
en cuando, por ejemplo los cerros sagrados. La Guelaguetza en el Cerro del
Fortín es prueba de ello. Vale recordar que las danzas de los pueblos son
rituales que se ofrecían a los dioses, en la colonia se transformaron en
rituales a los santos cristianos, después en fiestas populares que los pueblos
aún practican.

En la conciencia colectiva de los pueblos están presentes los dioses de la
naturaleza a pesar de la imposición de la fe cristiana. El trato de divinidad
que recibe el maíz es prueba de ello. Esta planta que en los primeros tiempos
de las civilizaciones de Mesoamérica fue considerado un Dios, su trato
respetuoso por las comunidades es parte de la memoria colectiva.
Urge revalorar el maíz, de esta manera estaremos en condiciones de
revalorar nuestro origen.