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LOS TRIQUIS

EN EL AÑO DE 1956, cuando era gobernador ALFONSO PÉREZ GAZGA, la belicosidad de los TRIQUIS sacudió al mundo igual que hoy.

TAL VEZ no con la velocidad que los satélites mueven hoy la Internet , pero la noticia también le dio la vuelta al mundo:

-¡Exterminarlos! ¡Hay que exterminarlos!- gritó exasperado el jefe de la zona militar cuando le informaron que los triquis habían asesinado en una emboscada al teniente Palos y a dos soldados. La gente de Juxtlahuaca vio por primera vez cruzar su cielo dos aviones militares: los mandaba el gobierno federal para auxiliar a las fuerzas de expedición punitiva que avanzaba sobre Copala desde Juxtlahuaca y Putla. Fueron ametralladas cuantas chozas de triquis se descubrieron en los claros de la selva. No se conoce el número de bajas. Lo que si se sabe es que los federales encontraron algunos barrios desiertos y prendieron fuego a las chozas, como represalia por la muerte del teniente.

ASÍ se lee en el formidable estudio antropológico que hizo el escritor GUTIERRE TIBON en cuyo libro, “Pinotepa Nacional”, describe muchas de las razones de la belicosidad innata de esa etnia. Sigue el relato:

Hubo, entre la gente de razón, quien se regocijara; otros concibieron una honda preocupación porque se sentían cómplices de la injusticia que se estaba cometiendo; algunos, en fin, se indignaron por el grave error en que incurría el Gobierno, mal informado por las autoridades de Putla y de Oaxaca.

TENÍAN MAUSSER, HOY CUERNO DE CHIVO

¿Mal informado? El peligro de una insurrección de los triquis de Copala existía, como sigue existiendo; pero ¿a qué se debe la actitud belicosa de ese grupo autóctono? Sino estuvieran armados, como lo están, renunciarían a su postura orgullosa y desafiante, sus rifles son idénticos a los que usa el ejército mexicano; sus municiones, las mismas; disponen de subametralladoras Mendoza y de binoculares iguales a los del ejército. Tienen un valor a toda prueba, y dominarlos en su tierra natal, en que conocen cada risco, cada árbol, sería una empresa ardua, sin duda. Su espíritu tribal es todavía el de ciertas poblaciones del México antiguo, como los yaquis y los tzotziles; viven, al igual que hace siglos, con la idea de que deben defenderse a todo trance contra la presión que ejercen sobre ellos sus vecinos. En el siglo XIII se ocultaron en sus bosques a raíz de una derrota que les inflingió cierto rey enemigo que acampaba en las montañas de Tlaxiaco, a principios del siglo XV sufrieron la dominación del quinto monarca azteca, el flechador del Cielo, que construyó en sus tierras una fortaleza; sus vestigios existen aún en el Cerro de Moctezuma. Limitó sus libertad otro rey mexica, Ahuítzotl, y conocieron días aciagos durante las guerras entre los reyes mixtecos de Achiutla y de Tututepec.

A mediados del siglo pasado, los triquis se lanzaron en una terrible y estéril aventura bélica para reconquistar su independencia, es decir, para volver a ser los amos de su tierra y libertarse para siempre de la presión de los blancos y de los mestizos, que hacían su juego. La sublevación estalló en 1843, cuando gobernaba en Oaxaca el general José María Malo; ni este ni su sucesor, el también general José Ibáñez de Corbera, lograron dominar a los insurrectos. La revuelta se volvió una guerra de guerrillas, que duró cinco años; con razón se le llama la guerra de la casta de los triquis. No se desarrollo solo en el territorio de Oaxaca, sino que alcanzó la zona fronteriza de Guerrero; y sus caudillos fueron dos hombres valientes, Dionisio Arriaga y Domingo Santiago, a quienes, desde luego, llamaban en Oaxaca “forajidos”. Como en otra guerra de castas, la de los mayas, que estalló cuatro años más tarde, hubo iniquidades y actos de barbarie por ambos lados. Los jefes triquis fueron aprehendidos y ajusticiados en 1848, año en que gobernaron Oaxaca dos indios serranos: primero don Marcos Pérez y luego don Benito Juárez.

¿Quiénes son los triques, desde el punto de vista antropológico y lingüístico? Buena parte de ellos se distingue físicamente de los mixtecos y de los tacuates, por su nariz roma; también los caracteriza su exacerbado espíritu de independencia. Tal vez esto se deba a que se refugiaron en una región áspera, poco hospitalaria, muchos siglos antes de la Conquista , empujados por otros pueblos más fuertes y numerosos y con tal de no aceptar su dominación. En la actualidad son alrededor de siete mil, y tienen un alto índice de natalidad.

La lengua triqui se considera el quinto miembro (los otros son el mazateco, el popoloca, el ixcateco y el chocho) de la familia popoloca, algo como un pariente pobre y lejano de esa familia; pero en la actualidad se le clasifica acertadamente entre los idiomas mixtecanos, junto con el mixteco y el cuicateco. También es lengua tonal y por eso de más difícil aprendizaje para nosotros que el azteca y el maya. A los mixtecos les pareció oír con frecuencia en el habla de sus vecinos (que consideraban bárbaros, como los mexicas a los otomíes) la sílaba tri y les llamaron triqui o trique; análogamente los griegos distinguieron en el “balbuceo” de los demás pueblos que no hablaban heleno las sílabas bar-bar y los denominaban bárbaros.

Los triques poseen una herencia cultural análoga a los demás pueblos de Oaxaca; los huipiles que tejen y bordan las mujeres son de una belleza sorprendente. Muchos aspectos de su vida no se han estudiado todavía: porque son huraños, desconfiados.

Hasta hace unos años, los triquis de Copala eran pobres, casi como sus hermanos de Chicahuaxtla que viven en una tierra paupérrima y neblinosa y que con frecuencia se alimentan de raíces. En las serranías de Copala los triques fabricaron carbón de leña y lo vendían en Juxtlahuaca, en Tlaxiaco y en Putla, junto con los plátanos que cultivaban en el fondo de sus valles y las aves de corral que lograban criar.

Hace unos treinta años empezaron a cultivar café en las laderas de sus montes y sus cafetos prosperaron. Ya tenían los triques una producción que les permitía un intercambio más favorable con los mestizos; ya tenían una riqueza, y esa riqueza fue su perdición.

El excelente café de altura, producido en la región de Copala, se trueca, en ínfima parte, en maíz; lo demás va a parar, tarde o temprano, a la bolsa de los mestizos, que han creado la organización más perfecta para que los triquis no puedan salir nunca de su círculo vicioso. Les venden armas y parque, fomentan sus rivalidades. Les venden alcohol que los enardece e incita a peleas,

LA IMPRUDENCIA

ANTE el gran ruido de la noticia relacionada con el asesinato de dos activistas, un Finlandés y una joven poblana, que sin hacer caso a las advertencias del riesgo de entrar a ese lugar sin la debida protección, los triquis en permanente enfrentamiento, se apresuraron a dar su versión.

TODOS los líderes, tanto del MULT como de la UBISORT y del MULTI, se apresuraron a deslindarse. Todos evaden responsabilidades. Por allí se escuchan declaraciones de políticos oportunistas. Pero nada más.

EL ex secretario general de gobierno y hoy diputado federal MANUEL GARCÍA CORPUS, se atrevió a revelar: “Intenté que dialogaran los tres grupos para parar la lucha fratricida pero el MULTI rehusó y dijo: no podemos llegar a algún convenio con nuestros enemigos”.

LOS DEL ubisort dicen: “YA estamos hartos que las autoridades busquen “chivos expiatorios” solo cuando se ven presionados por la opinión pública. Ignoraron nuestros llamados de auxilio cuando mataron a nuestros hermanos -15 asesinatos contra militantes de la ubisort en lo que va de este año a manos del grupo armado del Multi. Todos hacen caso omiso permitiendo que la violencia se desborde cada vez más”.

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Autor de Escaparate Político desde 1977 consolidada como una de las columnas de mayor permanencia. Dos veces Premio Estatal de Periodismo; Premio México de Periodismo de la Federación de Asociaciones de Periodistas de México. Socio fundador de la Asociación de Periodistas de Oaxaca. Corresponsal (Oaxaca) de la gran cooperativa de Excélsior hasta su privatización.

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