Carlos Velasco Molina, el ladrón solitario.

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CARTAS DEL LECTOR

Dice el refrán popular que para tener la lengua larga hay que tener la cola corta, y a Don Carlos Velasco Molina le acomoda a la perfección esta frase porque siempre le ha caracterizado tener la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta ( parafraseando al gran Joaquin Sabina).

Hoy el “honesto de Carlos Velasco Molina” olvida sus negros antecedentes y pretende erigirse en juez moral poniendo su pluma y espacio al servicio de quien pueda pagarlo.

El octagenario director del panfleto El Correo de Oaxaca que usa para golpear por motu propio o por encargo viene padeciendo del cinismo propio de quien se enoja por no ser contratado por administraciones estatales o presidencias municipales como fue denunciado al inicio de la gubernatura de Ulises Ruiz Ortiz.

En esa fecha (13 de enero del 2009) fue señalado de carecer de calidad moral y de perseguir a medios de comunicación que no obedecían sus “órdenes”. Quienes lo conocen recuerdan que al principio de la administración de Ulises Ruiz Ortiz trató de vender secretos del gobernador saliente al nuevo gobierno para acordar un cargo público digno de su nivel y millonarios contratos de publicidad

Carlos Velasco Molina quien se cree paladín de la verdad y pretende darse baños de pureza arrastra en su historial público la venta de predios de su propiedad y de su esposa al propio gobierno del estado para la construcción de espacios públicos.

En una columna del 12 de febrero del 2004 titulada “La fortuna del vocero”, el periodista Leopoldo Mendívil relataba que Carlos Velasco Molina era uno de los nuevos millonarios de la administración estatal del momento. Lo señalaba de ser dueño de valiosas propiedades como una costosa residencia en el Pedregal de San Ángel y de abultadas cuentas de ahorro en diferentes instituciones bancarias.

Por ejemplo, la mansión que construyó en Barrio las Salinas en la jurisdicción de San Agustín Etla, residencia para la cual dispuso gracias al tráfico de influencias de dinero público y de materiales y vehículos gubernamentales

El tristemente célebre Carlos Velasco siempre será recordado por el tráfico de influencias para sus tranzas personales y la impunidad de la cual gozó como funcionario público.

Además de la venta fraudulenta de un terreno de 40 mil metros cuadrados que se apropió para venderlo al gobierno de Oaxaca en 18 millones de pesos ( según señala el columnista). Aunque lo reportó como una venta de 4 millones 600 mil pesos para evadir impuestos.

Sin embargo tuvo que ser una dama quien pusiera en su lugar al dipsómano y embustero de Carlos Velasco. Con pruebas en mano, evidenció cómo el vocero de José Murat vendió en 2001 al Fideicomiso de Seguridad Pública del Estado un premio de 40 mil metros cuadrados, ubicado en el municipio de San Sebastián Etla.

La respuesta del entonces vocero fueron sendas denuncias en contra de la periodista oaxaqueña. Pero el tiempo le pasó factura. Tuvo que salir huyendo de Oaxaca porque su enriquecimiento era tan evidente que no podía ocultar lo inocultable.

Velasco Molina quien pasó de ser un Godinez de la comunicación, vendió en 4 millones 600 mil pesos el predio que compró en 5 mil pesos a los señores Miguel Hernández y Sofía Luis Cruz. Con información privilegiada y tráfico de influencias el hoy director del pasquín El Correo de Oaxaca hizo el negocio de su vida al robar del presupuesto estatal esa cifra millonaria.

Otra cosa por lo cual es recordado Carlos Velasco, es por liarse a golpes con Luis Enrique Miranda, entonces Secretario Particular del gobernador en turno.

Ratero pero honesto, Velasco Molina ofrecía a diferentes autoridades sus servicios como constructor, exigiendo la asignación directa de obra pública a cambio de no ser molestados en su “influyente medio de comunicación”.

Carlos Velasco Molina es tan ladrón que hasta el nombre El Correo de Oaxaca se lo robó a quienes en el año de 1999 iniciaron un proyecto binacional periodístico para los paisanos radicados en los EUA. De ese tamaño es la calidad moral del “honesto” del señor Carlos Velasco. A guardar la cartera si tiene la mala suerte de saludarlo.

Por cierto, lo verdaderamente costoso es mantener la adicción a la cocaína y al placer que le dan sus muchachitos por cada sesión de inspiración periodística.

A Carlos Velasco Molina se le olvida quién le mataba el hambre antes de ser coordinador de comunicación social; en un abrir y cerrar de ojos paso de ser gato callejero a felino de la raza Ashera. Ya hubiera querido tener en su mesa ravioles maduros.