OAXACA, TERRITORIO MARIHUANERO

0
882

Por: Javier HERNANDEZ CORDOVA
Hace apenas unos días leía un buen trabajo periodístico del diario Despertar en relación a los cárteles de la droga que operan en Oaxaca, entidad que, desde siempre se ha significado por ser una de las principales productoras de mariguana en el país, y tal vez en Latinoamérica.
Me pareció interesante, porque acababa de leer un interesante artículo del abogado Clemente Valdés en el que nos dice que: Los dogmas, los perjuicios y los miedos absurdos siguen siendo la fuente principal del Derecho en México. No solo tenemos miedo de cambiar reglas sin sentido, también tenemos miedo de discutirlas abiertamente. Es increíble que alguna vez se haya incluido la mariguana entre las drogas cuyo consumo constituye un delito en México; y aún más increíble que siga siéndolo.
Se pregunta el jurista: ¿Qué es lo que se trata de proteger? ¿La salud de la población? El alcohol y el tabaco son mucho más dañinos a la salud, mucho más adictivos, y los productores de esos venenos son vistos como respetables empresarios que aparentemente pagan impuestos.
¿Se trata de impedir el consumo de productos que dañen a la población? Si ese es el objetivo debería de prohibirse y castigarse, con mucho más rigor, la producción, venta y consumo de “carnitas”, barbacoa y toda clase de productos elaborados con grasa animal, que, de acuerdo con el estado actual de investigaciones científicas contienen grandes porcentajes de colesterol y son causa principal de la mayor parte de los males cardiovasculares que causan la muerte a una parte muy grande de la población.
Y agrega: Antes de que se iniciara la persecución a la mariguana en nuestro país, crecía en todos los pueblos; cualquier señora respetable tenía en el corral de su casa algunas plantas y regalaba sus hojas a quien se las pidiera. Era imposible que hubiera tráfico de mariguana, porque ésta ni siquiera se vendía, no tenía valor comercial alguno y, naturalmente, nadie mataba a otro por tener, comprar o venderla. No se empacaba, no se importaba ni se exportaba, no se transportaba, la había en todos los pueblos, en caminos, en las rancherías. Su consumo no aumentaba, no formaba parte de los negocios de nadie, ni siquiera de la policía, y no constituía ningún problema social.
Clemente Valdés nos dice que, hoy en día el consumo de mariguana va en aumento y su valor comercial crece. Igual ha sucedido con el alcohol en muchos países, una vez que la producción, venta y consumo son perseguidos, se convierte en mercancía cara y se vuelve un negocio tan grande, como grandes son las prohibiciones y los castigos por su comercialización que, por estupidez o complicidad, se hace necesariamente clandestina.
El precio de la llamada droga, como el precio de cualquier cosa que pueda ser deseable, aumenta en función de la dificultad para obtenerla. El negocio es enorme porque las penas por su comercialización y posesión son terribles. La amenaza del castigo y el aumento de las penas de prisión son inútiles para acabar con el negocio¸ entre más aumenten las penas más aumentan los precios y más lucrativo se vuelve el negocio.
Finalmente, llega el momento en el que el tamaño del negocio, por el tamaño de las penas, es tan grande que hay dinero para corromper a todas las policías, las procuradurías y a cualquiera de los más altos empleados del gobierno., o para eliminarlo si se resiste a la corrupción. La pequeña, la humilde mariguana , solo empezó a florecer como negocio cuando se empezó a perseguir su producción, su venta y su consumo.
Entre los argumentos más repetidos está el que considera que debe castigarse su uso porque induce al consumo de substancias mucho más dañinas, como el opio y sus derivados. Esto no tiene mayor fundamento. La mariguana está relacionada con drogas verdaderas únicamente porque porque los ordenamientos legales la han relacionado con ellas; si el consumo de alcohol, que es mucho más adictivo que la mariguana y que la cocaína, estuviera entre las drogas prohibidas, se consumiría también en forma clandestina, junto con otras drogas en un mercado criminal, contra el que, igual que con el sistema que estamos aplicando en la lucha contra estas adicciones, se han perdido y se seguirán perdiendo todas las guerras.
Lo que yo pregunto ahora es: ¿Si se despenalizara el consumo de la mariguana, de qué vivirían nuestros pueblos mariguaneros, sobre todo en temporadas de intenso estiaje como el que estamos viviendo? Porque hasta eso, la mariguana es tan noble que no requiere de tanta agua como el maíz y el fríjol (sí, con acento, de acuerdo a la pronunciación preferida por los amantes de la lengua castellana).

Compartir
Artículo anteriorNO ME IGNOREN
Artículo siguientePRESIDENTE PINOCHO

Dejar respuesta